domingo, 9 de junio de 2013

Os presento a mi mala suerte

Me he puesto a escribir esto mientras observo mi móvil. El pobre murió ayer y cuando lo miraba mientras su pantallita se ponía en negro para no encender nunca más solo podía pensar ¿Tenemos un límite de mala suerte? Es decir, llega un momento en el que ya no podemos tener más mala suerte y tiene que empezar a pasarnos cosas buenas. O lo que está siendo una tónica general en mi último año va a seguir así eternamente.

Todo empezó en julio del año pasado, el día en que me dijeron que mis sueños tendrían que esperar hasta este septiembre para hacerse realidad y que mis deseos de largarme de aquí me los iba a tener que comer si o si. Creo que cuando salí a la calle ese día me miró un congreso entero de tuertos porque desde entonces soy la mala suerte hecha persona.

De amores os hacéis una idea de cómo me encuentro por todo lo que escribo así que no pienso profundizar más en ello. Relación que toco relación que jodo. Eso es así, aceptado está, sigo adelante.

Son las demás cositas las que me preocupan, las que me hacen pensar que debería ir a pasarme el agua o a una bruja o algo de esto que me quite el mal de ojo. O tatuarme un trébol de cuatro hojas en el culo a ver si así me cambia un poco la suerte, porque a este paso es probable que pase al grupo de la gente a la que le ha caído un rayo.

Por empezar mi desahogo con algo voy a hacerlo con mi móvil. 2 iPhone en el último año, el tercero espero que venga ahora y que se quede por Dios. Es la historia de mi vida, os lo rompo, o los pierdo o me los roban… creo que el mundo me manda señales para que no tenga móvil pero yo no las entiendo.

Hablando de tecnología quiero que sepáis que este ordenador desde el que os escribo y que también ha llegado a mi vida en este último año, ha decidido que quiere reconocer todos los Wifis del mundo menos el de mi adorada casa por lo que tengo un portátil imposible de portar.



Eso por no hablar de que mi correo electrónico decide fallar justo el día que tengo que enviar mi curriculum para un trabajo y notificarme el error de envío al Spam por lo que tarde más de una semana en verlo y adiós a mi oportunidad. Nada que las tecnologías no me quieren…

En el último año he desarrollado un miedo atroz a los planes, a hacerlos quiero decir. Entre viajes que nunca llegan a hacerse, visitas que nunca llego a recibir, quedadas que se cancelan, todo lo que me hace un mínimo de ilusión tiene un 90 por ciento de posibilidades de no llevarse a cabo. Así que yo ya no planeo nada, paso, voy al día a día y procurando no ilusionarme mucho.

Lo mejor de todo es que nunca he creído en la buena ni en la mala suerte, las cosas suceden como tienen que suceder eso es todo, pero claro llegados a este punto empiezo a plantearme si hay algo más allá. Si es posible que estemos gafados, que la mala suerte esté durmiendo a nuestro lado y no la oigamos roncar. Y si es así, ¿la podemos controlar? ¿la podemos cambiar? ¿Qué hacemos? Yo estoy dispuesta a bañarme desnuda en aguas heladas si hace falta o a cubrirme el cuerpo con todas las esencias de no sé qué y no sé cuánto que se os ocurra, pero que mi suerte cambie ya.

Dicen que la suerte son rachas, que un día el viento cambia de lado y la fortuna te sonríe… ya… pues chicos que queréis que os diga a mí como mínimo este año debería tocarme la lotería, encontrar al hombre de mis sueños y vivir en una playa con cocoteros.


Espero vuestros remedios :)

Tiffany's


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