Me
he puesto a escribir esto mientras observo mi móvil. El pobre murió ayer y
cuando lo miraba mientras su pantallita se ponía en negro para no encender
nunca más solo podía pensar ¿Tenemos un límite de mala suerte? Es decir, llega
un momento en el que ya no podemos tener más mala suerte y tiene que empezar a
pasarnos cosas buenas. O lo que está siendo una tónica general en mi último año
va a seguir así eternamente.
Todo
empezó en julio del año pasado, el día en que me dijeron que mis sueños
tendrían que esperar hasta este septiembre para hacerse realidad y que mis
deseos de largarme de aquí me los iba a tener que comer si o si. Creo que
cuando salí a la calle ese día me miró un congreso entero de tuertos porque
desde entonces soy la mala suerte hecha persona.
De
amores os hacéis una idea de cómo me encuentro por todo lo que escribo así que
no pienso profundizar más en ello. Relación que toco relación que jodo. Eso es
así, aceptado está, sigo adelante.
Son
las demás cositas las que me preocupan, las que me hacen pensar que debería ir
a pasarme el agua o a una bruja o algo de esto que me quite el mal de ojo. O
tatuarme un trébol de cuatro hojas en el culo a ver si así me cambia un poco la
suerte, porque a este paso es probable que pase al grupo de la gente a la que
le ha caído un rayo.
Por
empezar mi desahogo con algo voy a hacerlo con mi móvil. 2 iPhone en el último
año, el tercero espero que venga ahora y que se quede por Dios. Es la historia
de mi vida, os lo rompo, o los pierdo o me los roban… creo que el mundo me
manda señales para que no tenga móvil pero yo no las entiendo.
Hablando
de tecnología quiero que sepáis que este ordenador desde el que os escribo y
que también ha llegado a mi vida en este último año, ha decidido que quiere
reconocer todos los Wifis del mundo menos el de mi adorada casa por lo que
tengo un portátil imposible de portar.
Eso
por no hablar de que mi correo electrónico decide fallar justo el día que tengo
que enviar mi curriculum para un trabajo y notificarme el error de envío al
Spam por lo que tarde más de una semana en verlo y adiós a mi oportunidad. Nada
que las tecnologías no me quieren…
En
el último año he desarrollado un miedo atroz a los planes, a hacerlos quiero
decir. Entre viajes que nunca llegan a hacerse, visitas que nunca llego a
recibir, quedadas que se cancelan, todo lo que me hace un mínimo de ilusión
tiene un 90 por ciento de posibilidades de no llevarse a cabo. Así que yo ya no
planeo nada, paso, voy al día a día y procurando no ilusionarme mucho.
Lo
mejor de todo es que nunca he creído en la buena ni en la mala suerte, las
cosas suceden como tienen que suceder eso es todo, pero claro llegados a este
punto empiezo a plantearme si hay algo más allá. Si es posible que estemos
gafados, que la mala suerte esté durmiendo a nuestro lado y no la oigamos
roncar. Y si es así, ¿la podemos controlar? ¿la podemos cambiar? ¿Qué hacemos?
Yo estoy dispuesta a bañarme desnuda en aguas heladas si hace falta o a
cubrirme el cuerpo con todas las esencias de no sé qué y no sé cuánto que se os
ocurra, pero que mi suerte cambie ya.
Dicen
que la suerte son rachas, que un día el viento cambia de lado y la fortuna te
sonríe… ya… pues chicos que queréis que os diga a mí como mínimo este año
debería tocarme la lotería, encontrar al hombre de mis sueños y vivir en una
playa con cocoteros.
Espero
vuestros remedios :)
Tiffany's
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