Quiero hablaros de un día que lo cambia todo. Es el día en que te levantas y te das cuenta de que ya no lloras, de que ya no te enfadas, de que las cosas duelen de un modo distinto. Es el día en el que decides que te sientas, que te sientas y que no piensas moverte. Que desde este exacto segundo la vida, por lo que a ti se refiere, puede continuar moviéndose que tú no vas a hacer nada por ella. Es el día en el que te das cuenta de que ya no quieres luchar. Es el peor día de cuantos has vivido porque te sorprendes a ti mismo sin fe y sin esperanzas. Si chicos, realmente llega un día en el que dejas de intentar que las cosas sean como quieres porque tras años intentándolo no has conseguido nada.
Desde ese día lloras sin lágrimas, ríes sin ganas y vives sin ilusiones. Y ya lo dice la canción “la vida es un baile de ilusiones y el que no baila está muerto” Y en cierto modo te sientes así, te sientes vivo pero un poco muerto. Te sientes triste pero te sientes alegre, te sientes que no te sientes, que no te entiendes, que no reacciones. Las cosas dejan de sorprenderte, las malas digo, porque las buenas te reviven segundos. Te das cuenta de que perder a alguien ya no duele, o sí, pero es rutina. Es tú día a días y como tal lo vives, como cuando sale el sol y vuelve a irse. Lo ves a diario, no lo ves raro, lo asumes, lo aceptas y convives con ello. Es tu vida, es la vida, es así. ¿Y tú qué puedes hacer? Si ya lo has intentado y no has conseguido nada, si te has empeñado en luchar con la vida y la muy hija de puta te ha ganado. No es que estés deprimido, no es que esté deprimida, hay quien dice que incluso me ve más feliz que nunca, y puede que sea cierto, yo no me siento mal. Es que ya no siento, bueno sí, pero no… siento apatía, siento aburrimiento, siento que todo me da igual, siento que la vida seguirá pasando me empeñe yo en lo que me empeñe, que ella tiene su ritmo, su camino y que yo no pinto. Siento que las cosas llegarán sin mi ayuda, siento que se irán por el mismo camino. Así que me siento.
Hablo del día en el que aceptas que las cosas se acaban y dejas de buscarles porque, hablo del día en el que te vuelves un poco más cínica, si es que ya lo eras poco. Es ese día en el que las historias de los demás empiezan a darte igual, en el que tu cabeza se desconecta e incluso le molestan las estupideces que te cuentan. Hablo del día en el que ya no te escuchas ni a ti, porque hasta eso te da pereza. Y hablo de la pereza, porque en mi vida había sentido tanta, no física, físicamente estoy más activa que nunca, pereza psicológica y sentimental. Hablo de cuando conocer gente es lo último que quieres hacer en esta vida, porque la vida
precisamente te ha enseñado que al final quien vino se irá y tú ya te ahorras el camino. Hablo de cuando dejas de intentar las cosas porque ya no les encuentras sentido. De cuando sientes que puedes adivinar el futuro porque las estadísticas te dicen que si las cien primeras veces algo salió mal lo hará la ciento uno. Ese día en el que dejas de creer en las personas, en la bondad y en amor, cualquier forma de amor que no sea el amor propio. Te hablo de cuando pensar cuesta, no porque duela, sino porque tu cerebro pasa, ¿darle vueltas? ¿para qué? Eso nunca ha solucionado nada. Hablo de cuando por primera vez te conviertes en pasota tú que siempre te has preocupado de todo.
Hablo de ese día en el que te levantas y te acuesta de forma monótona, ese día en el que se acabaron tus historias y aun así te sientes feliz. Hablo del día en el que no entiendes lo que sientes o a lo mejor es que ya no sientes.
Tal vez no tenga ningún sentido nada de lo que os he contado o a lo mejor hay una sola persona que siente lo que digo, que lo entiende y que lo comparte. No lo sé, simplemente deseaba contaros los extraños que pueden ser los días y lo complicados que podemos llegar a ser.
Desde el limbo emocional.
Tiffany’s








