Hace unas semanas me ofrecieron posar para unas fotos desnuda. ¿Mi cara? Lo más parecido a un tomate que he visto en tiempo.
¿Como iba a posar desnuda? Mi cuerpo expuesto a los ojos y a la cámara, ni loca. No es que me considere una persona demasiado pudorosa, confieso que me cuesta bastante poco enseñar el culete delante de la gente con la que tengo confianza pero que el susodicho se quede retratado para la posteridad hace que salga en mi la vena más conservadora y hasta me apetezca santiguarme.
Y es precisamente esta reacción en mi lo que me ha hecho plantearme porque vemos de forma tan poco natural el desnudo cuando todos hemos llegado a este mundo con la piel como único traje.
Somos capaces a ponernos ropa que deje más bien poco a la imaginación, en la playa estamos más desnudos que vestidos y en cambio nos sentimos bien y nadie pone el grito en el cielo porque alguien se pasee por la playa en bikini pero quitanos esas dos prendas y nos moriremos de la vergüenza.
Ni que decir tiene la reacción de mis amigas al darles la noticia de la propuesta poco a más que se les cae la mandibula al suelo y por supuesto más me valía no estar planteandomelo tan siquiera.
Los desnudos siguen y seguiran siendo algo para guardar en los dormitorios y en lo más íntimo de nuestra vida pero yo me pregunto que hay de malo en mostrar la belleza del cuerpo humano tal y como es.
Hay una canción de Xhelazz que dice "me gusta cuando estás desnuda porque estás vestida de mujer", puede haber mayor belleza que la de la anatomía humana mostrada con arte, probablemente no.
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