martes, 9 de julio de 2013

Comidas de cabeza

No vamos a engañarnos. Las principales comidas de cabeza de las veinteañeras de hoy en día son por el sexo, si no no existiría ni el 80 por ciento de este espacio. Por la falta de él, por su búsqueda, por su recuerdo, su ansia o bien, por su exceso. De comidas de cabeza va la cosa.



Siempre se ha dicho (no es que lo diga yo) que somos animales con algo de raciocinio y que pensamos con la cabeza principalmente, aunque a veces, como todo animal, tendemos a dejarnos llevar por los instintos. También dicen de los hombres que ellos tienen dos cabezas (una de ellas, en ocasiones de adorno, como nosotras los prendedores). Aquí es donde entramos en materia, una es la cabeza de verdad, la que hasta las tías tenemos; la otra es el pene (como la llama mi amiga para ser lo más correcta posible). Todo esto viene para contar algo importante y que nos toca directamente a todas y a todas. Para ir directamente al grano: hay más comidas de cabeza a hombres que a mujeres, no hay más y no es que a nosotras nos guste rallarnos por sinsentidos, no. 


Fuera del ámbito del porno o si queréis dentro de él, las cosas son lamentablemente así. Según esta tradición de la edad moderna que principalmente han trasladado las productoras de porno a las mentes de la sociedad, a nosotras nos tiene que encantar mamarla y que ellos nos llenen de saliva la cueva es sólo un mero trámite para abrirnos bien abiertas y follarnos contra cualquier electrodoméstico de la casa. Ha sido así siempre y siempre lo será. Pasa con rollos de una noche, con polvos, con novios, con “no sé lo que somos pero si te tiras a otra olvídate” o incluso con maridos. Es algo universal.

Se espera que las tías la comamos hasta que el tío se corra donde buenamente pueda pero sin embargo, para acercar la cabeza del tío a nuestro sexo hace falta una excavadora, tres operarios y un domingo por la tarde mínimo y aún así cuesta. 

Hasta los niños, que cada vez empiezan a darle al tema antes participan de esta práctica. El otro día, sin ir más lejos, iba yo en un bus lleno a más no poder de hijos cuando de repente oí un diálogo entre un niño y una niña “si bajas ahora no se nota”. Aún me siga pareciendo bastante irrealista estar tan harta como para entrar a un bus de línea urbano y gritar “me vais a comer todos el coño”. Sigue siendo el eterno debate de “es la polla/ es un coñazo”. Es la guerra de la saliva, esta vez con frentes desiguales, que mientras ellos sigan teniendo los dedos que les ha dado esa genética tan inteligentemente, estad tranquilas, que no van a usar la boca.

Y… ¿si nos ponemos en huelga?, pero… ¿cómo podemos dejar de hacer algo que nos gusta tanto? ¿Por qué nos gusta? Aquí entra en juego otro de mis debates favoritos y es si practicamos el sexo oral porque nos gusta hacerlo realmente o sólo para satisfacer a nuestra pareja. Según esta creencia de la que os hablaba y un amigo mío que se nota que lo ha hecho muy poco, ese tipo de cosas se hacen para satisfacerla a ella, no porque a ningún tío le guste hacerlo (que los hay). Es raro encontrarse a chicos que les guste y de lo más extrañísimo hallar una tía que le haga ascos a hacerte un trabajito. Esto me lleva a otra historia, que sería el orgasmo femenino y el masculino y sus muchas diferencias pero eso, ya es otra historia.

Por eso, no os ralléis por cosas que no merecen la pena y hacedlo por las verdaderas comidas de cabeza. Esas sí que quitan todas las preocupaciones que se le puedan pasar por la mente a una veinteañera (al menos, por un rato).


Vada

1 comentario:

  1. muy buena entrada, y muy cierto todo.

    Un saludo desde tijuana, mexico. Siempre esperando con gusto sus nuevas entradas.

    ResponderEliminar