jueves, 18 de julio de 2013

1000 palabras

Como dice el refrán las palabras se las lleva el viento. Y a veces parece que no hay suficiente viento para todas las palabras que decimos. Y tu qué dirías si solo pudieses decir 1000 palabras más.

Esta semana vi una peli un tanto extraña pero que transmitía un gran mensaje.

De repente la vida de una persona, por razones desconocidas, se entrelaza con la vida de un árbol. Un árbol formado por mil hojas. Cada vez que él diga una palabra una hoja caerá. En el momento en que todas caigan el árbol muere  por tanto el que esté conectado a él también.
Esto me hizo pensar


¿Cuántas veces hablamos por hablar?¿Cuántas veces decimos cosas que realmente no pensamos?¿Cuántas veces hablamos por rellenar momentos?

Me hizo pensar la cantidad de veces que hablamos sin decir realmente nada. Me hizo recordar la cantidad de palabras sin relevancia que decimos cada día y lo mas importante, hizo que me diese cuenta que normalmente las importantes son aquellas que callamos.

Hablamos sin parar, a veces sin decir nada. Hablamos de nosotros y de otros olvidando que tal vez esas personas de nuestro alrededor necesitan otras palabras o hasta ninguna. Hablamos y hablamos como cotorras, sin espacios, atropelladamente incluso a la vez que otra persona.

La historia de la película mostraba como aunque al final del día hayamos dicho 193843298 palabras podemos no haber dicho absolutamente nada. En ocasiones damos por sentado que nuestro alrededor sabe lo que pensamos, lo que nos importan, lo que son para nosotros. Damos por hecho que con todo lo que decimos cada día debería ser suficiente pero tal vez, si te paras a pensar...cuánto hace que no dices un te quiero a alguien a quien realmente quieres, o lanzas un piropo a esa persona que esta a tu lado o das las gracias a alguien de tu alrededor y un grandísimo e interminable etc.

Otra cosa que mostraba esta película era la importancia del silencio. El efecto que tiene el silencio propio en las personas de nuestro alrededor es increíble. Sobre todo si ellos suelen ser los oyentes.
Muchas veces deberíamos hablar menos y escuchar más. Porque el soltar palabras por la boca sin parar no nos permite escuchar, no nos permite saber lo que realmente ocurre a nuestro alrededor, lo que esa persona necesita, lo que espera, lo que piensa o hasta tal vez lo que tú necesitas o puede que hasta nos ayude a ver la realidad de nuestro alrededor, la cual puede que no coincida con la realidad que creemos que existe ahora mismo.

Así que intentemos hablar menos, escuchar más, demostrar con algo más que las palabras. Pero sobre todo intentemos seleccionarlas y priorizar las realmente importantes. Las que esa persona necesita oírnos decir, las que realmente diríamos si solo tuviésemos la oportunidad de decir 1000 palabras más.

¿Y tú, sabes qué dirías y a quién? 
Y si ya lo tienes claro ¿se lo has dicho hoy?

Con cariño, Amelie.

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