martes, 7 de mayo de 2013

¿Y si...?


¿Me pongo la chaqueta azul o la negra? ¿Salgo a tomar algo o me quedo estudiando? ¿Le hablo o no le hablo? La duda forma parte de nuestro día a día.  La duda acompaña a cada una de nuestras elecciones por pequeñas que sean.  La tenemos tan interiorizada que a veces no nos damos cuenta que está ahí.




Obviamente hay personas que dudan menos que otras. Suelen ser personas más seguras de sí mismas y de sus decisiones. Yo prefiero llamarlas afortunadas. Yo dudo mucho. Dudo en las pequeñas cosas sin importancia como qué me pongo mañana o qué escribo el martes en el blog y dudo en las cosas más importantes, las que tienen grande consecuencias. Aunque, pensándolo bien toda duda implica una elección y esa elección implica un descarte, un “¿Y si hubiera hecho lo contrario”?

Os voy a contar la historia de dos amigas mías. Bea está estudiando fuera. No hablamos mucho pero es amiga mía desde que somos pequeñas y nos entendemos a la perfección. Un día en una de nuestras pequeñas charlas me confesó que le gustaba un chico de su universidad.

-          Y que ¿Has hablado ya con él?

-          No tia, me da mucho palo ¿Qué le digo?

-          No se… ¿Coincides en alguna clase con él?

-          No pero… no tía en serio. No sé qué decir, ni qué hacer y va a pensar que soy tonta. Paso.

Mi amiga Bea lo que tiene es MIEDO. Así, en letras grandes. Quiere conocer a ese chico pero no se atreve ni a acercarse a él por el miedo a un fracaso. ¿Y si le hablara? Quizás sea un idiota o quizás sea un chico estupendo con el que pueda entablar una amistad o algo más ¿Quién sabe? Ella nunca lo sabrá si no deja atrás esas dudas y esos miedos.

Por otra parte está Paula. Paula estuvo durante años coladita de un chico con el que hablaba a diario y tenía una conexión especial. El chico pecaba de mujeriego aunque, según ella, “era buena persona” Pasaron los años y él coleccionó novias mientras ella seguía allí, suspirando por él. Un día se encontraron de fiesta y entre copas él le confesó que la quería. Paula no daba crédito. Él agacho la cabeza para besarla y ella….salió corriendo. Como lo leéis.  El susodicho salió en su búsqueda pero ella insistió en que no lo hiciera. Era el momento que llevaba esperando durante toda su vida y ella va y se marcha. La pregunta es ¿por qué? Según ella no quería arriesgar. Dudaba de él. Sabía que le iba a hacer daño tarde o temprano. ¿Pero cómo lo sabía?

A día de hoy Paula no se arrepiente de la decisión que tomó pero se pregunta qué habría pasado si no se hubiera marchado de ese local. ¿Se habría quedado en un simple beso o habrían salido más tiempo? De haber salido ¿Le habría engañado como ella pensaba?

Estas son sólo dos historias. Hay miles, millones. Todos tenemos un "y si" en nuestra vida, incluso varios. Un final alternativo que nunca sabremos cómo acabaría, un camino que elegimos evitar. Cito una frase de la película ‘Cartas a Julieta’:

 ' “Y” y “si” son las dos palabras menos amenazadoras que existen. Pero puestas una después de la otra tienen el poder de atormentarte por el resto de tu vida.'

Os diré algo de lo que no tengo ninguna duda. La vida es corta y hay que arriesgarse. Sí quieres algo tienes que ir a por ello. Es más cómodo si no lo haces pero ¿y si lo haces? No dejes que el miedo o el fracaso te frenen.

Tenemos que confiar en nosotros y en nuestras decisiones. Es natural tener dudas pero no podemos dejar que nos atormenten. Si te gusta ese chico, no hagas como mi amiga. Ve y dile algo. No seas tonta. Si quieres estudiar una carrera pero todo el mundo te dice “que no tiene salida” no dejes que eso influye en tu decisión. Es TU vida.

La vida son dos días y uno de ellos está lloviendo. ¿Y si esa decisión le da un giro interesante a tu día? ¿Y si te cambia la vida?


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