Tengo
un lunar entre ceja y ceja. No. En realidad tengo un lunar que quiere
ligeramente más a mi ceja izquierda. Siempre lo he odiado. No tiene siquiera la
consideración de ser simétrico.
Hubo
algún tiempo que me miraba al espejo y solo era capaz de ver ese lunar. Pensaba
que todo el mundo que hablase conmigo miraría inevitablemente ese maldito
lunar. Se lo comenté a mis amigas y todas me dijeron lo mismo ‘¿Qué lunar?’. Ni
siquiera se habían fijado en él y yo sólo quería que desapareciera.
Aunque
parezca increíble, lo que consideramos nuestros defectos se hacen aún más
grandes a nuestros ojos e incluso
encontramos defectos dónde no los hay. Mi lunar no es un defecto. Es un
pequeño punto insignificante que hace que yo sea un poco más yo.
Seguramente
tu tendrás una mancha peculiar, una nariz diferente…incluso hay personas con un
ojo de cada color y ¿sabéis que? Esas pequeñas cosas nos hacen únicos y
especiales.
Existen
unos cánones de belleza desde la Grecia Antigua y todo lo que se aleje de ahí
es considerado ‘raro’, ‘extraño’, ‘fuera de la norma’. Sin embargo el ser
humano no es siquiera simétrico. No. Ni Adriana Lima es simétrica. Tampoco
Beckham.
TODOS
tenemos complejos. Sin excepción. Ver defectos en uno mismo es
inevitable. ¿Nunca habéis ido a la playa con una amiga con un tipazo envidiable
y se ha quejado porque sentada le sale barriga o porque no sabe cómo deshacerse
de la celulitis? Aunque tú la veas estupenda, ella a sus ojos también tiene
defectos.
No
obstante, debemos pensar que esos defectos son parte de nosotros, de lo que
somos. ¿Os imaginais a Quim Gutiérrez o
a Georgia Jagger con los dientes juntos? ¿Y a Lilly Collins con las cejas más
finas? Ellos han sabido explotar como nadie la diferencia. Otros lo llamarían
defecto, se acomplejarían pero ellos han puesto freno a eso.
Lo que
nos acompleja, nos hace diferentes y lo que nos hace diferentes nos hace
únicos. Nunca lo olvidéis.
Conviviendo con mi lunar y el resto de mis defectos
Sandy

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